lunes, 1 de agosto de 2011

Para un cuerpo sin oídos.

Es hora
que le des a tu rey
su reino

De que le hablés sucio
que le escupás en la cara

De que le des de vuelta
lo que los malos años te dieron

Lo que los otros hombres
bienaventurados no alcanzaron

Ese tu cuerpo virgen
altar de sacrilegios.


No confundamos
a los sonidos
de los corazones
que aun palpitan

Con la aberración de esto que hacemos


No molestemos

a nuestras aguerridas mentes
para convencer a nadie

Sabemos mejor que todos
que las palabras cortas
son las mejores para los amores clandestinos.


Escribirte
aun sin conocerte
es un pasatiempo de mal gusto-

Pues aquí
no hay te amos- pendientes
y nunca los hubieron

estoy seguro que tampoco los habrán

Este amor
no es más
que el aborto de un maltimepo
que nos toca la puerta
de manera insistente.


Este sabor estéril
a saliva

Es el que debe recorrer tu boca
y conquistar tu cuerpo

Nada más que eso.

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